Evidentemente, y antes que nada, debemos tomar conciencia de cuáles son las competencias del profesorado de Educación física o sus intenciones y posibilidades reales de mejora con respecto las características particulares de su centro y su alumnado en materia de salud. En esta línea, lamentablemente, poco puede hacer respecto a materias como la limitación en cuanto al tiempo de asignación docente, o la existencia de equipamientos e instalaciones adecuadas al centro.
Estas cuestiones involucran directamente a las diferentes administraciones educativas que establecen las prioridades en estos aspectos en un contexto de múltiples necesidades. A pesar de los posibles déficits que sin duda pueden plantearse según las particularidades de cada centro, lo cierto es que se ha avanzado mucho en éstos aspectos en las últimas décadas.
Quedan, a pesar de todo, abundantes elementos que en nuestra opinión podrían incrementar la calidad de los programas de Educación física, y que además sí están en las manos del profesorado. En ellos existe “margen de maniobra” para avanzar en la dirección de una mejora en la calidad que produzca mejores resultados en cuanto a niveles de salud.
Algunos retos que pueden plantearse y que se desarrollarán a continuación son:
Reto 1: Incorporar en clase los conocimientos actuales sobre actividad física y salud.
Reto 2: Organizar clases más activas.
Reto 3: Desarrollar la competencia motriz. Eficacia en la enseñanza.
Reto 4: Promocionar los hábitos saludables de actividad física.
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